última factura del año
Querido dos mil nueve:
Gracias por mantenerme tan atento a mi soledad.
La vida como Yo.
Estaba en tu naturaleza no permanecer por mucho tiempo ni por muchas veces
la idea era perderlo todo en una multitud de instantes y en cualquiera
rodeado de recuerdos, de metales púlidos cortantes,
arrasado por una cotidiana forma de vivir pasajera.
No hay tantas cosas en el mundo
para tantos poemas
escribir por ejemplo pan de molde
pan blanco pan Alipende consumo preferente
Escribir otro poema la corteza del pan
la sobra lo duro el alambre la bolsa
la mano de mi hija sobre el pan Bimbo
Panrico rescatado antes de acabar en la basura
caducado finalmente en una ingesta feliz y poética
El pan de la tele cortado con un cuchillo
milagroso el pan tostado quemado cancerígeno
el pan donde no hay pan Hacendado
la rebanada gruesa, el American Pan
el pan del tercer estante de perrito
metamorfoseado
No hay tantos poemas del pan y sin embargo
existen excepciones en la textura de una bola de trigo aireado
No hay tantos poemas no
y los poetas no asumen la intrascendencia
de un pan golpeándose en el coche contra dos botellas de coca-cola
Se lo estoy diciendo al pan pre-cortado
al bollo artificioso
al pan que compartí con mi padre esta mañana
al pan de hoy y de mañana y de todas las mañanas
Estás ahí
viva y desplazas un aire invisible.
Estás ahí
a diez metros, manejas un lápiz, recoges tu pelo,
yo pienso que estás ahí,
miro tus pechos
Y miro directamente tus ojos.
Estás ahí y estás viva,
has levantado tus manos, sonríes, disimulas
porque has percibido que te observo.
Estás ahí, mi pulmón respira.
Me llega un clic-clic nervioso
del resorte de un bolígrafo.
Estás ahí que tengas mucha suerte,
cierro el libro, recojo.
La vida pasa sordamente.
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